Adolescencia: entre crisis y desarrollo, el arte de crecer en medio del caos

Introducción:
La adolescencia ha sido descrita como una etapa compleja, cargada de tensiones y metamorfosis. A través de los siglos, filósofos, psicólogos y sociólogos han intentado descifrar su esencia, oscilando entre verla como un caos necesario o como una etapa de maduración inevitable. Pero, ¿es realmente la adolescencia un proceso de crisis permanente o, más bien, una oportunidad para el crecimiento? Este texto no pretende ofrecer una verdad absoluta, sino un punto de vista entre tantos en este vasto mar de tinta que se ha escrito sobre una de las fases más intrigantes y transformadoras de la vida humana. En el vaivén de lo emocional, lo biológico y lo social, la adolescencia sigue siendo un terreno de búsqueda y construcción, donde los viejos paradigmas se enfrentan con las nuevas realidades de nuestro tiempo.
La adolescencia:
El concepto de adolescencia ha variado significativamente a lo largo de los siglos. Tomando como punto de partida el Renacimiento, las actitudes hacia los jóvenes comenzaron a cambiar. Luego, con la Revolución Industrial y los aportes de Rousseau en "El Emilio", emergió la noción moderna de adolescencia. En el siglo XIX, prevaleció una perspectiva negativa de esta etapa. El siglo XX, particularmente en los años 60, vio surgir la rebelión juvenil, conocida como la "Cultura Adolescente". Finalmente, en el siglo XXI, la revolución científica y tecnológica ha prolongado la adolescencia hasta finales de los 20 años.
La adolescencia es una etapa evolutiva que, como señalan Aberastury y Knobel, es el momento donde se busca establecer una identidad adulta, dejando atrás la infancia. Enfrenta un duelo por la identidad infantil que requiere un desarrollo biofísico y un entorno social propicio.
La pregunta sobre qué es ser hombre o mujer sigue siendo crucial hoy, como lo fue en el pasado. Ante la pérdida de una referencia central, surge una necesidad de grupalidad subjetivante que ayuda a conformar al sujeto. Esta grupalidad, decisiva en los adolescentes actuales, subraya que las influencias grupales son fundamentales para la construcción de la personalidad y la identidad. Sin esta interacción social, el adolescente puede quedarse atrapado en conflictos internos.
La adolescencia puede dividirse en tres etapas: temprana (8-15 años), donde el aspecto biológico predomina; media (15-18 años), con mayor énfasis en lo psicológico; y tardía (18-28 años), centrada en lo socio-cultural. Durante este periodo, el adolescente atraviesa crisis y cambios que moldean su pensamiento y personalidad. A los once o doce años, se produce el paso del pensamiento concreto al formal, caracterizado por una capacidad lógica más avanzada. Este cambio genera un egocentrismo intelectual que se estabiliza con el tiempo.
La vida afectiva de los adolescentes se basa en la conquista de la personalidad y su inserción en la sociedad adulta. La formación de la personalidad implica un proceso de autonomía, donde las reglas y valores se internalizan. Sin embargo, este proceso también está marcado por oscilaciones entre el yo y la persona, lo que explica el egocentrismo adolescente.
Los adolescentes, al desarrollar su personalidad, se sitúan como iguales a los adultos, aunque se sienten diferentes por su nueva vida interior. Desean superarlos y transformar el mundo, lo que se refleja en sus proyectos y teorías sobre cómo cambiar la sociedad. El amor, en este contexto, es una idealización que puede llevar a decepciones.
En la vida social, los adolescentes pasan por una fase de repliegue, en la que critican la sociedad real mientras buscan reformarla. También tienen una fase positiva, donde participan en movimientos juveniles y discuten reformas sociales.

La metafísica de la adolescencia es una preparación para la creación personal. Las crisis adolescentes son momentos de cambio y desarrollo, que marcan el paso a nuevas etapas vitales. La pubertad, con la menarca en las niñas y las primeras emisiones seminales en los varones, marca el inicio de la adolescencia propiamente dicha. Estas crisis, aunque pueden ser desestabilizadoras, son esenciales para el crecimiento.
Las identificaciones durante la adolescencia son múltiples y variadas, incluyendo las primarias, edípicas y pos-edípicas, que ayudan a construir los ideales del yo. La identidad psicológica se forja a través de la interacción entre el individuo y el colectivo, mientras que la identidad sexual y de género depende de factores biológicos, culturales y sociales.
En conclusión, la adolescencia es una etapa de desequilibrio necesario. Los cambios físicos y psíquicos son normales, y lo anormal sería alcanzar un equilibrio prematuro. Con el tiempo, las ideologías y los compañeros de ruta se estabilizan, lo que indica la transición a la vida adulta.
Bibliografía:
Aberastury, A., & Knobel, M. (1971). El síndrome de la adolescencia normal. En La Adolescencia Normal (pp. 35-103). Paidós.
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Piaget, J. (1991). La Adolescencia. En Seis Estudios de Psicología (pp. 82-96). Labor S.A.
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