Dioses y Conquistas: la subversión de Sor Juana

Introducción:
La conquista de Mesoamérica fue un enfrentamiento no solo militar, sino también ideológico, que desencadenó una fusión cultural cargada de tensiones y contradicciones. Octavio Paz, en El laberinto de la soledad, examina este complejo choque de civilizaciones, resaltando cómo las estructuras de poder españolas intentaron imponer su visión sobre los pueblos indígenas. En medio de este proceso, surge la figura de Sor Juana Inés de la Cruz, quien, desde la celda de su convento, desafió las expectativas sociales e intelectuales de su tiempo, encarnando el espíritu del barroco mexicano. A través de su obra, Sor Juana no solo refleja las tensiones del mestizaje cultural, sino también la resistencia creativa ante la opresión, convirtiéndose en un símbolo de rebelión intelectual en un mundo marcado por la censura y la ortodoxia religiosa.

Desarrollo:
Cuando pensamos en el encuentro de dos culturas tan poderosas y contradictorias como la azteca y la española en el siglo XVI, imaginamos una confrontación de fuerzas divinas y humanas. No fue solo una guerra física, sino un choque cósmico de visiones del mundo. Octavio Paz, en su monumental obra El laberinto de la soledad, traza con maestría las líneas entre estas dos civilizaciones, destacando la profunda ironía de su confrontación: mientras los aztecas sucumbían bajo el peso de sus propios mitos y la llegada de un enemigo inesperado, los españoles, impulsados por su propia contradicción entre lo medieval y lo renacentista, implantaban su fe y política sobre una tierra que no comprendían del todo.
El Imperio Azteca no era una monolítica civilización bárbara esperando ser conquistada; era el resultado de siglos de evolución política, religiosa y cultural que integraba a los pueblos que lo conformaban. Su estructura estaba profundamente marcada por una religiosidad que, según Paz, fue también su perdición. En su cosmovisión cíclica, la llegada de los españoles fue interpretada como el cumplimiento de profecías y el inicio de una nueva era. No es casual que los aztecas vieran en los conquistadores la manifestación de sus propios dioses, una visión que facilitó su derrota. Irónicamente, mientras los aztecas aceptaban su destino, algunos de los pueblos que ellos mismos habían subyugado veían en los españoles una posible liberación.
Por otro lado, los españoles, venidos de una Europa desgarrada por la Contrarreforma y las tensiones entre el legado medieval y las nuevas ideas renacentistas, trajeron consigo una misión dual: conquistar y evangelizar. Pero su visión del mundo también era profundamente contradictoria. Hernán Cortés, el paradigma del conquistador, es retratado por Paz como un hombre que, en nombre de la corona, traiciona a su señor. Los conquistadores eran individuos que, en su mayoría, no encajaban en la rígida estructura social de la España medieval y encontraron en América un espacio para ejercer sus propias ambiciones e imponer su fe, aunque bajo el estandarte de la cristiandad.
Esta mezcla de lo medieval y lo renacentista, de lo religioso y lo político, se cristalizó en el barroco mexicano, una estética que refleja tanto la opresión como la creatividad que surgió de este choque cultural. Y es aquí donde entra Sor Juana Inés de la Cruz, quien representa una de las manifestaciones más originales de esta mezcla. Embebida en los saberes de la filosofía, la ciencia y la teología, Sor Juana es un símbolo de la contradicción viviente de la Nueva España. En una sociedad donde las mujeres eran relegadas a un papel secundario, ella desafió las normas establecidas, no solo con su poesía, sino con su insaciable búsqueda de conocimiento.
Sor Juana se convierte en la encarnación del barroco mexicano: una figura que refleja la complejidad de un mundo nuevo, donde las reglas viejas ya no podían imponerse sin adaptaciones. Al igual que la conquista española en Mesoamérica fue una imposición fallida de un solo modo de vida sobre una pluralidad de pueblos, Sor Juana desafiaba la uniformidad intelectual que se imponía en la época. En su obra, encontramos una crítica sutil pero feroz a las limitaciones que la sociedad y la religión querían imponer sobre la mujer. Es aquí donde la ironía se vuelve más aguda: mientras los españoles intentaban moldear una Nueva España, figuras como Sor Juana rompían los moldes desde dentro, abriendo caminos para nuevas formas de pensar y vivir.
Si bien Paz analiza a Sor Juana dentro del contexto del barroco mexicano, su figura trasciende la época, convirtiéndose en una rebelión intelectual contra la opresión del saber y el género. En un entorno en el que la imposición de una nueva fe y un nuevo orden social pretendía borrar la pluralidad, Sor Juana reivindicaba la diversidad intelectual y espiritual. Es un acto de resistencia que se une al complejo proceso de mestizaje cultural que definió al México colonial.
Así, la conquista de Mesoamérica no solo fue la caída de un imperio y el ascenso de otro, sino también el nacimiento de nuevas formas de resistencia y creatividad. El barroco mexicano, con su mezcla de tradiciones indígenas y españolas, refleja la ironía de un proceso en el que tanto conquistadores como conquistados fueron transformados. Y en el centro de esta ironía se encuentra Sor Juana, la monja que, desde su celda, desafió no solo las expectativas de su tiempo, sino las estructuras de poder que intentaban limitarla.

En última instancia, lo que Paz nos muestra es que la conquista no fue solo una historia de vencedores y vencidos, sino un proceso mucho más complejo, lleno de contradicciones, paradojas y sorpresas. La grandeza de Sor Juana radica en que, a pesar de las limitaciones impuestas por su tiempo y lugar, ella logró trascender, no solo como una figura literaria, sino como una manifestación viviente del barroco: una era marcada por la tensión entre lo viejo y lo nuevo, lo indígena y lo europeo, lo religioso y lo secular.
En ese choque de mundos, mientras algunos vieron en la llegada de los españoles la destrucción de una cultura, otros, como Sor Juana, vislumbraron la oportunidad de construir algo nuevo: una rebelión silenciosa, pero no menos poderosa, contra las fuerzas que intentaban sofocar su espíritu.
Bibliografía:
- Paz, Octavio. El laberinto de la soledad. Capitulo V. Cuadernos Americanos, 1950.
- Sor Juana Inés de la Cruz. Obras completas. "Primer Sueño" Porrúa, 1999.