Educación y Política: La intersección de poder y transformación social

Resumen:

La relación entre educación y política es crucial para comprender cómo las políticas educativas no sólo reflejan, sino que también moldean las estructuras sociales y los valores democráticos. En este contexto, es esencial examinar cómo la educación puede ser una herramienta de emancipación y justicia social en lugar de simplemente una preparación para el mercado laboral. A través de la reflexión crítica sobre los enfoques de Miguel Soler y José Luis Rebellato, se exploran las implicancias de la mercantilización educativa y la necesidad de un sistema que promueva la equidad y el compromiso ciudadano. Este análisis desafía las concepciones autoritarias y neoliberales, abogando por una educación que respalde una verdadera democracia y fomente la participación activa en la transformación social.

Palabras Clave: Educación, Política, Economía, Justicia, Filosofía.

1 - Introducción: Conceptos de política, educación y economía.

La política, entendida como lo propio de la ciudadanía y lo que nos compete como seres humanos en tanto seres sociales, está intrínsecamente vinculada a todas nuestras prácticas sociales, incluyendo la educación. Aunque en muchas ocasiones se utiliza el término "politización" con una connotación negativa, señalando que ciertas prácticas sociales deberían estar exentas de la política, resulta imposible pensar en una existencia social fuera de lo político. El concepto mismo de política proviene de la palabra "polis", que en la Antigua Grecia hacía referencia a la estructura de la ciudad, y por ende, a la vida en común y las relaciones de poder que esta conlleva.

Históricamente, la política se ha circunscrito a un ámbito aislado, dando la impresión de que es algo exterior y ajeno a la "naturaleza humana", la cual se ha intentado reducir a meras relaciones de intercambio económico. Sin embargo, esta visión economicista también es política, al priorizar las relaciones de mercado como las fundamentales del ser humano. En este sentido, las actuales discusiones sobre la despolitización ocultan un trasfondo ideológico que busca imponer una determinada visión política bajo la apariencia de naturalidad.

El poder, como nódulo central de la política, se manifiesta en todas las relaciones humanas. Pensar que hay aspectos de nuestra vida que pueden estar fuera del poder es ilusorio. Por ejemplo, acusar a un paro de ser "político" carece de sentido, ya que cualquier acción en defensa de derechos o deseos es una manifestación de poder. Esto se extiende a otras áreas de la vida, como la familia y la educación, donde también se juega el poder, aunque a menudo se intenta naturalizar estas relaciones para que parezcan apolíticas.

En el ámbito educativo, el aula es un espacio profundamente político. No es solo un lugar para la transmisión de conocimientos, sino un escenario donde se construye la ciudadanía, se moldean subjetividades y se establecen relaciones de poder. La educación no es un proceso técnico o neutral, sino un acto político que perpetúa o cuestiona las estructuras de poder en la sociedad. Al enseñar, se fomenta la reflexión crítica, se cuestiona lo establecido y se construye una ciudadanía activa.

Así, la política y la educación se entrelazan, ya que ambas implican la construcción y disputa del poder. Despolitizar la educación, al igual que otras prácticas sociales, ignora su verdadera naturaleza y el potencial emancipador que tiene al reconocer y confrontar las relaciones de poder. La educación, en su dimensión política, debe promover la justicia social y la emancipación, contribuyendo a la formación de una ciudadanía consciente de su papel en la sociedad y capaz de cuestionar y transformar el orden establecido.

2 - Relación entre educación y democracia: Miguel Soler "Cada país debe elegir su modelo educativo".

Miguel Soler Roca (1922-2021)
Miguel Soler Roca (1922-2021)

Soler menciona que Paulo Freire hablaba de la politicidad de la educación. Los grandes debates relativos a la educación son siempre debates políticos y es necesario un horizonte lo más claro posible. Del mismo modo que cada pueblo define su proyecto político de sociedad, el mismo también debe disponer de su proyecto educativo, de una filosofía educativa, una política educativa. Y esta política educativa ha de guardar la necesaria coherencia con la política general. Todo gran cambio de orientación política determina ajustes, estos pueden ser más o menos profundos en la política educativa y en el servicio educativo. Si estos cambios son importantes, hablamos de reformas.

Menciona que todos nos interesamos en la educación y la invocamos ya sea para hablar de nuestro futuro o el de personas cercanas o cuando estamos disconformes con la sociedad. Es una de las funciones más controvertidas pero también más compartidas. La participación es un pilar fundamental en la democracia y quiere decir diálogo, tanto en la escuela como en la familia y comunidad. Este diálogo es la voluntad de comprender al otro. Si el diálogo es una exigencia de toda sociedad avanzada, ha de ser un componente natural de todo proceso educativo.

El Estado debe garantizar el derecho a la educación, la calidad de los servicios educativos, la gratuidad de la enseñanza, la coherencia entre los valores de la sociedad y los valores que se fomentan en los centros educativos.

Soler afirma que la educación pública ha de garantizar la igualdad de oportunidades, la gratuidad total de la enseñanza general obligatoria, pero también la convivencia de las ideas y valores, el libre examen de la sociedad y sus problemas, la capacitación para la democracia, entre otras .

Afirma que la educación tiende a ser integradora a facilitar en el educando su desarrollo completo como persona y como ciudadano.

3 - Educación como herramienta de transformación social. José Luis Rebellato.

¿Qué es la educación popular liberadora?

José Luis Rebellato (1946-1999)
José Luis Rebellato (1946-1999)

La educación popular liberadora (EPL) supone la constitución del sujeto popular como sujeto de saber y de poder. El pensamiento único y la concepción tecnocrática y autoritaria son fuerzas que niegan la iniciativa intelectual del sujeto, desvalorizándola y siendo conscientes de su potencial transformador.

Por ende, el reconocimiento de un saber y un poder popular requiere una profunda transformación de educadores, técnicos e intelectuales, e implica una apuesta y confianza en el potencial de los actores sociales populares. La educación popular tiene un fuerte componente ético y político, enfrentándose a la dominación, explotación y exclusión; su objetivo es combatir la injusticia y la opresión. En este contexto, la educación popular adopta una postura anti-autoritaria.

Por lo tanto, no se tolera el neoliberalismo agobiante y salvaje. Desde esta perspectiva, se apuesta por la emancipación, la iniciativa intelectual y el desarrollo de poderes por parte de los sujetos populares.

Asimismo, se reconoce que las atracciones del poder de dominación son fuertes, lo que provoca una crisis en la educación popular. Además, "no hay democracia auténtica sin la participación efectiva de la ciudadanía, en especial de los sectores populares".

La pedagogía del poder: Se caracteriza por una cultura autoritaria que deposita la ciudadanía en expertos, técnicos y políticos. Se despotencializa la figura del ciudadano, cuyas funciones son expropiadas por los expertos, quienes "saben" y deciden. Esta cultura de dominación-dependencia penetra en la vida cotidiana. El paternalismo, como repartir recursos sin socializar la política detrás, es nocivo para la afirmación de la autonomía individual y de las organizaciones de base. Se critica las políticas compensatorias, como las aplicadas en asentamientos humanos. "La lucha contra la exclusión social exige políticas públicas que modifiquen la distribución de la riqueza y el poder en ciudades y países." Aquí se introduce el concepto de "ética del poder", una manera de entender el poder como servicio, sustentado en los sujetos populares, quienes deben ejercer poder sobre quienes los representan.

Si los modelos neoliberales apuestan por menos democracia, las alternativas deben construirse en dirección a más democracia. Para ello, es necesario construir poder social, lo cual requiere la participación ciudadana. También implica cuestionar firmemente los modelos de democracia basados en la injusticia y la exclusión, que desconocen los procesos de marginación.

La educación popular liberadora se plantea como un movimiento que lucha contra los proyectos hegemónicos ligados al neoliberalismo y a la globalización, con la convicción de que la cuestión del poder sigue siendo tan vigente como siempre.

¿Cuál es la apuesta?

Fortalecer el poder de los sectores populares. Es esencial asociar políticas sociales con una ciudadanía participativa. No existen políticas sociales separadas de la ciudadanía participativa, y dichas medidas deben necesariamente afectar a los sectores más privilegiados. Las políticas sociales forman parte de la lucha contra la hegemonía neoliberal, y por eso requieren la participación activa y efectiva de los sectores afectados. No se trata de que la población participe después de que los "técnicos" ya han elaborado las políticas; se necesita una elaboración colectiva de estas políticas.

El concepto de poder social y político es fundamental en esta nueva visión, donde la población participa en la elaboración, gestión y control del desarrollo de dichas políticas.

"La educación liberadora es la construcción de la autonomía de saberes y poderes populares."

¿Cómo pensamos, vivimos y ejercemos el poder y la autoridad?

¿Es un poder para gestar poderes o un poder de dominación?

Una ética heterónoma da lugar a una ética autoritaria, donde el valor es definido por la autoridad, aceptado en términos de dominación y dependencia. En nombre de la libertad, esta ética ahoga las posibilidades de crecimiento de la libertad. El poder se ejerce sobre la gente—físico, económico, cultural y simbólico—conservando y reforzando las relaciones de asimetría. La autoridad se configura como algo separado de los sujetos, posee poderes que nadie puede alcanzar, establece barreras y distancias, y crece cuanto más se separa. Si se acerca, es para anular al otro. Esta es la ética autoritaria.

El poder es entonces dominación, anulación, parálisis.

En cambio:

Una ética de la autonomía y la libertad recurre al concepto de autoridad basado en la confianza. Quien ejerce la autoridad no necesita intimidar, explotar o amenazar. El concepto de poder cambia totalmente, transformándose en un poder que despierta los poderes de los actores sociales. Este poder circula, reclama constantemente participación. La educación adquiere relevancia como un proceso de toma de conciencia sobre el estado de opresión y su reconocimiento.

Esta es una ética de la libertad, que tiene necesariamente una orientación productiva, ya que tiende a la realización de las capacidades de la persona. La productividad se asienta en el poder y en su reconocimiento. El sentido de la vida está dado por el desarrollo de nuestros poderes y por la capacidad de despertar poderes en los demás.

"La autonomía supone, pues, un proceso de autoanálisis y una búsqueda prolongada y conflictiva, sustentada en el reconocimiento del otro y en el auto reconocimiento."

4 - La educación pública para todos: ¿Cómo hacerlo posible? Miguel Soler Roca. Presupuesto y apoyo del gobierno.

Según Soler, las políticas educativas se establecen de acuerdo con los valores que predominan en la sociedad. Dichos valores no pueden ser impuestos ni generalizados de manera autoritaria; son productos socioculturales, más o menos arraigados y compartidos, que generalmente impregnan los actos educativos, brindándoles características por las que conviene optar con el mayor grado de libertad posible.

Afirma que no puede existir una enseñanza pública y de calidad para toda la población si no se disponen los medios necesarios. Si la educación ha de ser gratuita y universal, el esfuerzo de la comunidad y los presupuestos nacionales deben reflejar esta responsabilidad. Los servicios educativos deben constituir un sistema educativo y, para que este funcione como tal, es indispensable que disponga de servicios técnicos de apoyo, tales como legislación, investigación, planificación, distribución de materiales educativos, evaluación de todo el sistema en sus diferentes niveles de acción, formación y perfeccionamiento permanente del personal docente y técnico, entre otros.

Soler sostiene que toda persona, sin importar su edad (ya que aprendemos a lo largo de toda la vida y estos nuevos aprendizajes también constituyen un derecho), tiene derecho a una educación de calidad y gratuita. Para Soler, esto último significa que los centros educativos no deben tener ningún costo, ni en términos de material escolar, y las familias no deberían pagar nada ni a la escuela ni a los docentes que en ella educan.

Afirma que el Estado debe asegurar a todos las condiciones indispensables para que la escolaridad se desarrolle de forma normal, compensando las situaciones que dificulten la educación. Esto implica brindar alimentos, vestuario y atención médica a los estudiantes que lo necesiten, con dos finalidades: una pedagógica, que es garantizar la igualdad de oportunidades educativas y de desarrollo personal; y otra política, que es lograr que desde la infancia asumamos que todas las personas somos iguales ante la ley.

Para Soler, el concepto de gratuidad se aplica aún con importantes restricciones, lo que lleva a muchos estudiantes a abandonar las aulas antes de haber adquirido el saber básico, como consecuencia de un proceso de expulsión. Condenar a estos niños a una temprana ignorancia es condenarlos a la privación de otros derechos ciudadanos.

5 - La Globalización y el Neoliberalismo en la Educación: Crítica y Situación Actual

La mercantilización de la educación, entendida como la transformación de la educación en una mercancía que se compra y vende en un entorno competitivo, ha tenido profundas consecuencias en el desarrollo integral de los estudiantes. Este proceso implica que la educación se rige por las leyes del mercado, lo que afecta directamente tanto a los educadores como a los estudiantes, neutralizando sus potenciales emancipatorios.

El autoritarismo y la tecnocracia, características inherentes a las políticas neoliberales, se imponen en el ámbito educativo, desplazando a los educadores como actores fundamentales en los procesos deliberativos relacionados con las finalidades e instrumentación de las reformas educativas. En este contexto, los educadores ya no participan activamente en la toma de decisiones sobre cómo y para qué educar, lo que limita la capacidad de la educación para ser un instrumento de emancipación.

Históricamente, las sociedades de dominación han impuesto sus valores y pautas culturales a través de la educación, utilizando estrategias como el currículum oculto para mantener su hegemonía. Desde la década de los 60, instituciones internacionales como el BID y la CEPAL comenzaron a desarrollar políticas educativas que enfatizaban la importancia del "capital humano" como un ingrediente indispensable en los procesos productivos. La educación pasó a ser vista como una variable clave para el desarrollo económico, y su mercantilización se intensificó.

El BID, que ya tenía una influencia significativa en la deuda externa de los países en desarrollo, comenzó a desempeñar un papel crucial en la planificación educativa. Al trasladar sus análisis económicos al campo de la educación, el BID empezó a tratar la educación como un insumo para generar "capital humano", evaluando su eficacia en términos de costo/beneficio. Esta visión reduccionista mide la calidad de la educación únicamente en función de su impacto en el empleo y el ingreso, sin considerar el desarrollo integral de los estudiantes.

Según la perspectiva del BID, la educación se convierte en una herramienta para superar la pobreza y promover la equidad. Sin embargo, esta postura es profundamente cínica, ya que se basa en una lógica de exclusión que perpetúa la desigualdad. En lugar de desarrollar personalidades completas, capaces de pensar críticamente, actuar y ser en el mundo, el enfoque del BID reduce la educación a un medio para mejorar la calidad del "capital humano", sin preocuparse por el bienestar integral de los individuos.

Miguel Soler resume esta contradicción al afirmar: "Se habla mucho de la erradicación de la pobreza. Me pregunto si la contribución mayor que se hace a su erradicación no estará siendo la de erradicar a los pobres." Para el BID, el desarrollo de las personas no es un objetivo en sí mismo, sino un medio para generar un "capital humano" que pueda ser explotado en el mercado laboral.

Breve conclusión: Educación y Política como Formación de Ciudadanos Críticos

La relación entre educación y política no debe reducirse a la formación de "capital humano" para el mercado. Al contrario, debe orientarse a la formación de ciudadanos conscientes y críticos, capaces de cuestionar y transformar la realidad en la que viven, y no simplemente a la creación de súbditos que sigan las directrices de un sistema económico que perpetúa la desigualdad y la exclusión.

Autores y bibliografía:

José Luis Rebellato Bacigalupe:

Escritor y filósofo uruguayo nacido en Canelones el 22 de marzo de 1946. Contribuyó en el desarrollo del movimiento obrero en la Escuela de Formación Sindical de la Central de Trabajadores y en el Movimiento de Obreros de Acción Católica. Doctor en Filosofía por la Universidad Pontificia Salesiana de Roma, Italia. Se desempeñó como docente e investigador de los Departamentos de "Filosofía de la Práctica" y de "Historia y Filosofía de la Educación" en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Ejerció la docencia de Ética en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República y de Antropología Filosófica en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República. Hasta el año 1998 integró el Equipo de Dirección del Programa Apex-Cerro de la Universidad de la República. Asesoró diferentes instituciones y organizaciones sociales. Fallece el 18 de noviembre de 1999 en Montevideo.

Bibliografía: Ética de la Liberación, Editorial Nordan Comunidad, 2000.

Miguel Soler Roca:

Nació catalán en Corbera de Llobregat (1922). Emigró -junto a sus padres- a Montevideo en 1926. Se educó en la escuela pública, hizo Magisterio y se graduó 1939. Fue maestro desde 1943. Integró la Comisión redactora de los programas de estudio para las Escuelas Rurales en Uruguay. Desde 1954 organizó y dirigió el Núcleo Escolar Experimental de La Mina.

Bibliografía: Reflexiones generales sobre la Educación y sus tensiones, Editorial Milenio, 2004.

Texto colaborativo realizado en conjunto con: Mtra. Eugenia Loureiro, Mtra. Chiara Franco, Mtra. Ivana Ibáñez, Profa. Claudia Cardozo (Matemáticas).