El texto no habla solo: ¿filosofar en una burbuja intelectual?

Mario Ariel González Porta
Mario Ariel González Porta

Introducción

Existe una tendencia recurrente a analizar ideas y textos como si existieran en un vacío, desconectados de las circunstancias históricas, sociales y culturales que los rodean al momento de haberse escrito. Esta desconexión, aunque cómoda, es un error que limita nuestra comprensión y nos encierra en una burbuja intelectual. El filósofo Mario Ariel González Porta, en su obra A Filosofía a partir de seus problemas (Loyola, 2007), desafía esta visión simplista y nos invita a repensar la relación entre texto y contexto como una unidad indisoluble. A través de su enfoque hermenéutico, González Porta defiende que no es posible comprender plenamente un texto filosófico sin reconstruir su contexto histórico y racional.

El Texto y su Contexto: Una Unidad Hermenéutica

En el ámbito de la reflexión filosófica, resulta ineludible entender que no hay texto sin contexto. El análisis de un texto filosófico es incompleto si no se contempla el entorno histórico, social y cultural en el que surge. Como bien expresa González Porta: "Fijar el contexto es una condición imprescindible en la comprensión del texto. En realidad, texto y contexto no constituyen un agregado, sino una estructura, una unidad hermenéutica indisoluble" (González Porta, 2007). El texto y el contexto, lejos de ser elementos independientes, conforman una unidad interrelacionada que se enriquece mutuamente.

Este enfoque nos lleva a cuestionar una de las premisas más extendidas en el análisis filosófico tradicional: ¿se puede separar el pensamiento de su contexto? La respuesta, siguiendo el razonamiento de González Porta, es un rotundo no. Él sostiene que "la noción del contexto nos lleva a la historia, al proceso mismo de devenir" (González Porta, 2007), implicando que para comprender realmente un texto debemos reconstruir la historia de su génesis, las condiciones que lo hicieron posible, y la red de ideas con las que dialoga.

La Filosofía y la Estructura del Pensamiento

La idea de que la filosofía es un diálogo entre visiones del mundo nos invita a pensar que, para filosofar correctamente, es necesario construir una base sólida de lecturas. La espontaneidad en el pensamiento filosófico, si bien importante, no basta por sí sola; debe estar respaldada por un contexto de discusiones e intercambios conceptuales. Así lo sostiene González Porta, quien afirma que la comprensión de un texto solo es posible cuando se integra su contexto, ya que "la historicidad del contexto y su integración estructural con el texto no se contradicen entre sí, sino, al contrario, se requieren de manera necesaria" (González Porta, 2007).

Esto nos lleva a considerar que la filosofía es, en esencia, un proceso de construcción dialéctica, similar a la Tesis, Antítesis y Síntesis de Hegel, pero interpretada más allá de Feuerbach, con un enfoque materialista como el que propone Marx. La filosofía no se reduce a un simple ejercicio teórico; es un proceso vivo que se desarrolla en un contexto histórico concreto y que no puede desligarse de las realidades sociales y políticas en las que surge.

La Historicidad del Texto

La historia no es un mero telón de fondo del pensamiento, sino que constituye una parte fundamental del proceso filosófico. El contexto histórico no solo influye en la creación del texto, sino que también permite entender las motivaciones y limitaciones de los autores. Según González Porta, "el contexto no contradice el texto, sino que lo enriquece y amplía su significado" (González Porta, 2007). Este enriquecimiento es fundamental para captar la complejidad de las ideas filosóficas y comprender cómo estas dialogan con los problemas de su época.

Cuando enseñamos filosofía, es vital reconocer que no estamos solo transmitiendo ideas aisladas. Estamos compartiendo el contexto en el que esas ideas surgieron, las disputas intelectuales que las acompañan, y los problemas a los que los filósofos respondían en su tiempo. De esta manera, al enseñar filosofía, no solo enseñamos historia de la filosofía o a filosofar, sino que acercamos a los estudiantes a un proceso dialéctico continuo que se renueva con cada nueva lectura y reinterpretación del texto.

Historia de la Filosofía: ¿Cronología o Relevancia Filosófica?

El debate sobre si enseñar filosofía es enseñar historia de la filosofía o enseñar a filosofar es recurrente en el ámbito académico. Algunos argumentan que la historia de la filosofía no tiene relevancia en la reflexión filosófica contemporánea, reduciéndola a una simple cronología de nombres y obras. Sin embargo, González Porta nos advierte de la importancia de no caer en esta visión reduccionista: "Toda 'historia de la filosofía' es solo una historia de la filosofía (y no simplemente 'historia') porque es filosófica" (González Porta, 2007).

El estudio de la historia de la filosofía, entonces, no se limita a un registro de hechos, sino que constituye un diálogo filosófico en sí mismo. Cada lectura de un texto clásico es una oportunidad para reconsiderar su relevancia y aplicabilidad a los problemas actuales. Al estudiar la historia de la filosofía, no solo adquirimos conocimiento sobre lo que pensaron los filósofos en el pasado, sino que también enriquecemos nuestra capacidad para abordar las cuestiones filosóficas del presente.

Filosofar en Contexto: Un Proceso de Reconstrucción

González Porta introduce una distinción clave al hablar de la comprensión filosófica: la diferencia entre la identificación de tesis y la reconstrucción del problema. Según el autor, la reconstrucción del problema es más importante que la mera exposición de tesis, ya que esta última suele estar explícita en el texto, mientras que el problema puede no estar formulado de manera clara. Para González Porta, la clave está en "reconstruir" el problema, entendiendo su génesis y sus implicaciones. Afirma que "un problema, para ser entendido adecuadamente, debe ser reconstruido" (González Porta, 2007), destacando que esta reconstrucción es un paso esencial en el proceso hermenéutico.

La reconstrucción de un problema filosófico tiene dos dimensiones: la histórica y la racional. Ambas son complementarias y necesarias para una comprensión integral. La dimensión histórica nos permite entender el contexto en el que el problema fue formulado, mientras que la dimensión racional nos ofrece una herramienta para analizar su validez lógica y su pertinencia en el presente. González Porta subraya que "un resultado satisfactorio solo es posible cuando ambas dimensiones trabajan juntas" (González Porta, 2007).

La Importancia de la Reconstrucción Histórica y Racional

La reconstrucción histórica, en este sentido, no es un simple ejercicio de arqueología intelectual. Su objetivo no es simplemente mostrar cómo un problema fue entendido en el pasado, sino rescatar su relevancia para el presente. Según González Porta, "la reconstrucción histórica no implica una reconstrucción del pasado como un hecho que 'fue', sino más bien un proceso de volverlo presente" (González Porta, 2007). Esto implica que al leer un texto filosófico, no solo estamos mirando hacia atrás, sino que estamos estableciendo un diálogo entre el pasado y el presente, buscando cómo las preguntas filosóficas del pasado siguen siendo relevantes en nuestra actualidad.

Por otro lado, la reconstrucción racional es necesaria para asegurarnos de que el problema filosófico sigue siendo válido. No basta con entender cómo surgió el problema; debemos ser capaces de aplicar un análisis riguroso que nos permita valorar su pertinencia. González Porta sugiere que "la reconstrucción racional y la histórica no son mutuamente excluyentes, sino que se complementan" (González Porta, 2007), de modo que ambas dimensiones deben trabajar juntas para que la comprensión filosófica sea completa.

Filosofía y Docencia: Una Relación Dialéctica

Como docentes, estamos inmersos en un proceso constante de reconstrucción, tanto del conocimiento que transmitimos como de nuestras propias interpretaciones filosóficas. Enseñar filosofía no es simplemente transmitir datos o exponer teorías; es un proceso activo de interpretación y diálogo. La enseñanza de la filosofía, en este sentido, se parece a la reconstrucción filosófica que propone González Porta: involucra tanto una reconstrucción histórica de los problemas filosóficos como una reconstrucción racional que los actualiza y los pone en diálogo con nuestro propio contexto.

El acto de enseñar filosofía, por lo tanto, implica una constante revisión y actualización del saber filosófico. No basta con enseñar las teorías de los filósofos clásicos; debemos ayudar a nuestros estudiantes a entender cómo esas teorías dialogan con los problemas actuales. Como señala González Porta, la reconstrucción filosófica no solo tiene un propósito histórico, sino también un propósito racional y crítico: "La reconstrucción histórica debe complementarse con la reconstrucción racional para lograr una comprensión completa del problema" (González Porta, 2007).

Conclusión: Una Filosofía Viva

La relación entre texto y contexto, entre historia y filosofía, es fundamental para entender la naturaleza misma del pensamiento filosófico. González Porta nos recuerda que el análisis filosófico no puede reducirse a una simple exposición de tesis, sino que debe involucrar una reconstrucción crítica de los problemas filosóficos en su contexto. Como docentes, nuestro trabajo consiste en guiar a los estudiantes en este proceso de reconstrucción, ayudándolos a ver que la filosofía no es solo un ejercicio académico, sino un diálogo vivo entre el pasado y el presente, entre el texto y su contexto.

En definitiva, enseñar filosofía es enseñar a reconstruir problemas, a entender el contexto en el que surgieron y a aplicar un análisis racional que los actualice y los haga pertinentes para nuestro propio tiempo. La filosofía, lejos de ser un conjunto de ideas estáticas, es un proceso dinámico de reflexión que nos invita a cuestionar nuestras propias ideas y a dialogar con las del pasado. Como bien afirma González Porta, "la reconstrucción del problema se beneficia al combinar tanto la dimensión histórica como la dimensión racional" (González Porta, 2007). Y, al parecer, es en esta combinación donde reside la verdadera riqueza del pensamiento filosófico.

Bibliografía:

- Cornamm, J, Pappas, G., Lehrer, K. "Introducción a los problemas y argumentos filosóficos" - UNAM, 1990

González Porta, M. A. "A Filosofía a partir de seus problemas" - Loyola, 2007

Russell, B. "Los problemas de la Filosofía" - Labor, 1928