Hobbes, Rousseau y el Cantinero Mudo en la Cantina del Institución Atlética Roberto Fútbol Club

Contexto: Rousseau y Hobbes se encuentran en la cantina del Institución Atlética Roberto Fútbol Club, un rincón histórico y melancólico en la Diagonal del Olvido. Las mesas de casín y pool, desgastadas por el tiempo, y las botellas de vino añejo en estanterías polvorientas, reflejan el pasado. En la esquina, una máquina de Street Fighter parpadea. El cantinero mudo, siempre atento, sigue en silencio la conversación de los filósofos sobre la crisis del agua en Uruguay en 2023. A continuación, el diálogo:
Hobbes: (con su copa de vino que parece haber envejecido tanto como sus ideas sobre el poder) Este club, este rincón olvidado, es el escenario perfecto para debatir la realidad dura y cruda de la naturaleza humana. Uruguay enfrenta una crisis que pone a prueba los límites de la civilización. La escasez de agua ha revelado la fragilidad del orden social y político actual. ¿Acaso no es esta la situación perfecta para que el Leviatán se asuma como el guardián necesario para evitar que Uruguay y sus ciudadanos se devoren a sí mismos?
Rousseau: (apoyado en una mesa de pool, observando cómo la luz tenue refleja en la superficie del vino en su copa) Querido Thomas, en este ambiente cargado de nostalgia y olvido, me resulta inevitable pensar en cómo la sociedad podría haber evitado tal crisis si hubiera seguido principios más acordes con la naturaleza humana en su estado original. No sé si lo pensé o lo escribí: "El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado. Tal cual se cree el amo de los demás, cuando, en verdad, no deja de ser tan esclavo como ellos." (Pág 35, Contrato Social). La crisis del agua no es solo un problema de recursos, es un síntoma de las cadenas que hemos creado al olvidar la importancia e influencia que tiene en la sociedad y en las decisiones políticas la voluntad general.
Cantinero Mudo: (coloca otra copa frente a Hobbes, sus movimientos precisos, como si cada acción estuviera calculada para no alterar el frágil equilibrio de esta charla.)
Hobbes: (contemplando la copa que el cantinero le ha servido, como si en el fondo de ese vino oscuro pudiera ver la naturaleza humana reflejada) Estimado, agradable y natural Jean, tu optimismo sobre la bondad natural del hombre es conmovedor, pero bastante ingenuo diría. Esta crisis del agua es un claro ejemplo de lo que ocurre cuando falta un poder central fuerte que imponga el orden. Sin esa autoridad, el ser humano se ve liberado a su estado natural, actuando según las necesidades inmediatas que lo dominan en cada momento. Y, lo peor de todo, hay un constante miedo y un constante peligro de perecer con muerte por deshidratación. Y la vida del hombre, es solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta.(Pág 108, Leviatán). Sin la intervención de un poder absoluto, la gente luchará por el agua con uñas y dientes, llevando a la sociedad al borde del colapso.
Rousseau: (haciendo rodar una ficha de la máquina de Street Fighter entre sus dedos, su mirada se pierde en los recuerdos de sus escritos) Querido Hobbes, tus palabras reflejan una visión oscura del hombre, una visión que encierra a la humanidad en un ciclo de miedo y represión. Entiendo que veas la naturaleza humana de esa forma, pero déjame recordarte algo fundamental. En su estado natural, el hombre es un ser pacífico y libre, no está atado por la corrupción de la sociedad ni por el yugo del poder absoluto. En ese estado, el hombre vive en igualdad, y sus necesidades son simples, lo que lo mantiene en armonía con su entorno y con los demás. Es la sociedad, con sus cadenas invisibles, la que pervierte al hombre, haciéndolo codicioso y violento.
Aquí mismo, en esta cantina, puedo defender la idea de que la libertad individual debe ser subordinada al bien común, a una voluntad general verdadera y no a un poder despótico. El impulso de la voluntad particular tiende, por su naturaleza, a preferencias injustas, y el interés común requiere, al contrario, que cada uno someta su voluntad particular a la voluntad general. Si el pueblo uruguayo hubiera sido consultado y se les hubiera permitido participar en las decisiones sobre la gestión del agua, la crisis podría haberse manejado con equidad y justicia. No digo ni mejor ni peor, pero ciertamente más justo y legítimo.
Cantinero Mudo: (sus ojos se encuentran con los de Rousseau por un breve instante, como si comprendiera la lucha interna entre la libertad y la autoridad que ambos filósofos discuten. Luego, se vuelve hacia la estantería de botellas, su mente aparentemente absorta en pensamientos que solo él conoce)
Hobbes: (tomando un sorbo de vino, frunciendo el ceño ante el sabor fuerte y añejo, que parece encajar con su visión del mundo) Su fe en su supuesta idea de la naturaleza humana y la voluntad general es admirable, Rousseau, pero no realista. "Lo que quizá puede hacer esa igualdad increíble es la vanidad con que cada uno considera su propia sabiduría;, pues casi todos los hombres piensan que la poseen en mayor grado que los vulgares, es decir, que todos los demás hombres excepto ellos mismos" (Pág 105 y 106, Leviatán) Cuando el agua escasea y las vidas están en juego, la gente no se rige por el interés común, sino por el instinto de supervivencia. Por esto es que el poder absoluto del Leviatán se vuelve indispensable. Sin un soberano que controle los recursos y aplique medidas decisivas, la anarquía se apodera de la sociedad. En el estado de naturaleza que describí, por si no lo entendió puedo explicarlo de nuevo, esto es que donde cada hombre está en guerra con todos los demás, no hay lugar para la voluntad general.
Rousseau: (con voz calma, como quien intenta apaciguar una tormenta con razonamiento) Pero Hobbes, ¿no se da cuenta de que la verdadera paz y estabilidad no se logran a través del miedo y la coerción, sino a través de la confianza y la participación? "Que hombres dispersos sean subyugados sucesivamente a uno solo, cualquiera que sea el número en que se encuentren, no por esto dejamos de hallarnos ante un señor y esclavos, mas no ante un pueblo." (Pág 44, Contrato Social) La imposición de un poder absoluto puede traer un orden temporal, pero a costa de la libertad y la dignidad humanas. Podría argumentar, con el cantinero mudo de testigo, que el verdadero fundamento de la sociedad es un contrato social, en el que todos renuncian a su libertad natural a favor de la libertad civil. Si el gobierno uruguayo hubiera actuado de manera transparente, consultando al pueblo en cada paso, habría podido mantener no solo el orden, sino también la legitimidad y la cohesión social.
Cantinero Mudo: (Su mirada se dirige hacia la Diagonal del Olvido, como si reflexionara sobre el debate entre los dos filósofos, su presencia casi eterna es una constante que sostiene el equilibrio de la cantina en medio de esta intensa discusión)
Hobbes: (observando el ambiente de la cantina, sus pensamientos volviendo a la realidad dura y fría que siempre ha defendido) Estimado, la realidad es que la gente no actúa racionalmente bajo presión. Cuando enfrentan la escasez, cuando ven sus vidas amenazadas, la naturaleza humana se revela en su forma más brutal. La crisis del agua en Uruguay no es solo un problema técnico o natural, es un problema de orden social. Y ese orden solo puede ser mantenido por un poder central fuerte que no titubee ante la necesidad de tomar decisiones difíciles y, a veces, impopulares. Mire lo que le digo.
Rousseau: (mirando su copa, meditando las palabras de Hobbes, pero sin perder su convicción) No niego que el Estado debe tomar decisiones firmes en tiempos de crisis, estimadísimo Hobbes. Pero la firmeza no debe confundirse con la tiranía. El más fuerte no es nunca bastante fuerte para ser siempre el señor, si no transforma su fuerza en derecho y la obediencia en deber (Pág 38, Contrato Social). La verdadera fuerza de un gobierno reside en su capacidad para actuar en nombre del pueblo, para ser un reflejo de la voluntad general. Si el Estado uruguayo hubiera priorizado la transparencia y la participación, habría fortalecido su legitimidad, y el pueblo habría aceptado con más facilidad las medidas necesarias para enfrentar la crisis.
Cantinero Mudo: (Sus ojos se fijan en Hobbes, luego en Rousseau, y finalmente en la copa que está limpiando, como si en ese acto simple hubiera una respuesta que solo él conoce)
Hobbes: (con una sonrisa sarcástica, observando al cantinero como si su silencio fuera una confirmación de su punto de vista) Mira, Rousseau, incluso nuestro amigo aquí parece entender que en tiempos de crisis, las palabras y los ideales deben ceder ante la realidad. Los hombres no encuentran placer, sino, muy al contrario, un gran sufrimiento, al convivir con otros allí donde no hay un poder superior capaz de atemorizarlos a todos.(Pág 106, Leviatán) . La gente necesita ser guiada, no por la razón y el consenso, sino por un poder que sea capaz de protegerlos de sí mismos. La crisis del agua es solo una muestra de lo que sucede cuando el gran Leviatán no tiene la fuerza suficiente para mantener el orden.
Rousseau: (con una mirada serena, como quien ha encontrado la paz en sus propias convicciones, incluso frente a la adversidad) Creo comprender en sus palabras un dejo de desprecio hacia el poder de la voluntad general. "Para no equivocarse en estas complicaciones es preciso distinguir la libertad natural, que no tiene más límite que las fuerzas del individuo, de la libertad civil, que está limitada por la voluntad general" (Pág 50, Contrato Social) La historia ha demostrado que las sociedades que se gobiernan a sí mismas, que respetan la voz del pueblo, esas son las que perduran y florecen con el tiempo. La crisis del agua en Uruguay podría haber sido una hermosa oportunidad para fortalecer la democracia y la participación cívica, en lugar de imponer medidas autoritarias que solo siembran más desconfianza y suspicacias. ¿Qué es eso de tomar agua con sal? ¿Cómo que es potable pero no es potable? Respetable Thomas, mantener el orden no quiere decir imponerlo, quizás mejor sea convenir en un contrato.
Cantinero Mudo: (regresa a su tarea, sus movimientos tan precisos como siempre, pero sus ojos revelan una comprensión profunda, como si estuviera de acuerdo con Rousseau en que la verdadera fortaleza de una sociedad reside en su capacidad para unirse en tiempos de crisis y no que exista una imposición para unión, no por algo o alguien, sino por nosotros mismos. Por la puerta entra Karl Marx a pedir la de siempre, la misma que la de Rousseau y a jugar por la ficha contra Hobbes).
Fin.
Breve reflexión:
Jean Jacques Rousseau argumenta que la desigualdad se origina con el establecimiento de la propiedad privada y la creación de un orden político destinado a proteger los intereses de los más poderosos. Esta transformación, desde una comunidad natural y equitativa hacia una sociedad civilizada, marca el inicio de las injusticias. Rousseau observa que en el estado de naturaleza, los seres humanos vivían en armonía con sus necesidades y su entorno, guiados por un "amour de soi" y una piedad natural que promovía la cooperación y el respeto. Sin embargo, la agricultura y la metalurgia dieron lugar a la propiedad privada, fomentando la competencia y la desigualdad, lo que llevó a que "el más fuerte hacía más labor; el más diestro sacaba mejor partido de la suya; el más ingenioso hallaba medios para abreviar el trabajo" (Rousseau citado por Rawls, p.258).
Rousseau sostiene que la modernización y la industrialización, lejos de mejorar el bienestar colectivo, perpetúan las desigualdades, especialmente en el acceso a recursos esenciales como el agua. La crisis del agua que vivimos puede verse como una manifestación contemporánea de esta problemática, donde los intereses económicos y políticos continúan reproduciendo la opresión, afectando siempre a los más desfavorecidos.
Proponemos, en línea con el pensamiento de Rousseau, reflexionar sobre la necesidad de pensar a una sociedad que priorice el bien común sobre los intereses individuales y económicos. Rousseau sugiere que esto es posible a través de un pacto social auténtico, basado en la igualdad y la reciprocidad, para construir un orden político justo y sostenible. El estado ideal, según Rousseau, es aquel en el que las personas viven en comunidad, guiadas por la solidaridad y el respeto por el bien común y la voluntad general.
Bibliografía:
Hobbes, T. "Leviatán" - Editora Nacional Madrid, 1979
Rawls, J. Rousseau y el contrato social. "Teoría de la Justicia"- Publicado por The Belknap Press of Harvard University Press, Cambridge 1971.
Rousseau, J. "El Contrato Social" - Editorial Istmo, Madrid, 2004
Texto colaborativo realizado junto a: Valentina Sosa Arkoss y Maximiliano Rivas. Docentes de Filosofía.