James Cook, la damajuana y el enigma: ¿Quién sabe leer a los muertos?

En la penumbra de la cantina del Institución Atlética Roberto Fútbol Club, entre mesas desgastadas y las eternas partidas de casín, se respiraba un aire de curiosidad. Las viejas copas ganadas en campeonatos ya casi olvidados, parecían testigos silenciosos de los secretos que estaban a punto de revelarse. En una esquina, Johnson —el poeta, con el ceño fruncido y una pipa que colgaba en sus labios— contemplaba la damajuana llena de papeles que al parecer habían pasado durante años en alta mar. Estos misteriosos papeles estaban escritos en un idioma que ninguno de los presentes podía descifrar.
—Latín —murmuró Mastandrea, el DT del club, con su característica mezcla de desdén y curiosidad—. Sabíamos que esos escritos de Cook estaban en latín, pero ¿quién en esta ciudad balneario podría traducir algo así? No somos eruditos ni doctos en lenguas muertas.
—No todos los misterios son imposibles de desentrañar —respondió Johnson con un tono enigmático, lanzando una mirada de complicidad hacia el extranjero que acababa de entrar por la puerta—. He traído a alguien que puede ayudarnos a descifrar el enigma.
El extranjero, un hombre de aspecto austero y porte poco distinguido, vestía como si acabara de bajar de un barco que había surcado tiempos y mares desconocidos. En su mirada se percibía la serenidad del que ha viajado, y sus manos, callosas, parecían hechas para manejar tanto un remo como una pluma.
Mastandrea lo miró con escepticismo, ajustando sus característicos lentes con un gesto mecánico. —¿Y este sabe latín? —preguntó, eligiendo sus palabras con la frialdad de un jugador que mide la pelota antes de tirar una chilena.
—No solo sabe latín, amigo mío —replicó Johnson, con una sonrisa que bordeaba la ironía—. Él puede traducir los escritos de Cook. Y tal vez nos revele algo más que palabras.
Todos los presentes, incluso el siempre callado cantinero mudo, sabían que no era solo la traducción lo que estaba en juego. La damajuana, llena de papeles ininteligibles, guardaba una historia que muchos consideraban más una leyenda que un hecho. Y ahora, el destino de la ciudad balneario podía estar escrito en esos papeles antiguos. Con el extranjero sentado a la mesa, la verdad estaba a punto de ser descorchada, como un vino añejo que había esperado el momento justo para ser probado.
—Adelante —dijo Johnson, desafiando a los dioses—. Traduzca.
El extranjero abrió la primera hoja, todos contuvieron el aliento y exclamó:
"En un vasto jardín de posibilidades, cada flor representa un acto de libertad, una estrella fugaz de amor y un hilo del determinismo tejido en la trama de la vida. Pero ¿hay algo que permita escapar al determinismo? Entre las rosas y los jazmines, se encuentran dos flores que simbolizan la esencia misma de la vida, podríamos decir: la Flor de la Libertad y la Flor del Amor.

La Flor de la Libertad crece en una esquina soleada del jardín, donde sus pétalos se abren hacia el cielo, desafiando la gravedad que intenta retenerla, ya algo hace fuerza contra cierta expectativa de determinismo. Esta flor no está completamente determinada por el suelo que la sostiene; sus raíces son profundas, pero su tallo se estira con independencia, buscando siempre el sol, el viento y la lluvia. Es una danza constante entre lo que es y lo que podría ser, un reflejo del indeterminismo reinante en un jardín. La Flor de la Libertad sabe que, aunque el terreno pueda influir, su verdadero crecimiento depende de su voluntad de elevarse y florecer.
A su lado, la Flor del Amor brota con una fragancia que envuelve el jardín, trascendiendo las barreras invisibles de los cercos de madera y el espacio libre de todo, menos de oxigeno.. Esta flor no está confinada por las circunstancias solares, de lluvia o del abono que intentan definir su existencia. Aunque estos factores pueden moldear su entorno, la Flor del Amor florece con una creatividad y autonomía que desafían cualquier predeterminación. Sus pétalos son únicos, cada uno parece ser una representación de la multiplicidad de formas y contextos en los que el amor puede manifestarse. Como la libertad, el amor es una fuerza que abre espacio para la sorpresa, la novedad y la autenticidad en ese jardín cercado y espacioso.
Ambas flores comparten una relación simbiótica, parecen estar determinadas a estar juntas. La Flor de la Libertad inspira a la Flor del Amor a buscar siempre nuevas direcciones, a explorar más allá de lo conocido, mientras que la Flor del Amor le muestra a la Flor de la Libertad el camino hacia la autenticidad y la sinceridad en cada centímetro que se eleva, dejando atrás a la gravedad y otras cosas..
En este jardín se despliegan en un tapiz vivo de colores y aromas. La exploración de la libertad y el determinismo revela una rica tela de posibilidades y elecciones que se entrelazan cuando se piensa en la idea del amor. Ambos conceptos, en su intersección, subrayan la importancia de la autonomía, la creatividad y la apertura al futuro, elementos esenciales tanto para la vida libre como para el amor verdadero.

La Flor de la Libertad parece estar relacionada a todos los demás seres, pero el determinismo, siendo este implacable, tiende a ser como la gravedad, algo que está ahí inamovible, cierto, verídico, pero que no determina algo del espíritu de las flores. La Flor del Amor parece tener reglas parecidas a la de la Libertad, Pero intenta no determinarse, crecer, ser algo entre los demás seres.
Así, en el jardín de las flores, el amor y la libertad se elevan juntos, desafiando las determinaciones rígidas, floreciendo como está en el ser de cada flor, y recordándonos que, el amor no es un problema determinista, porque si hay libertad, siempre hay espacio para la elección y la creación.
Capitán James Cook, Cape Town, 1771."
El extranjero cerró el manuscrito con un aire de pretenciosa sabiduría, mientras todos en la cantina trataban de procesar sus palabras. Johnson, esbozando una sonrisa irónica, comentó:

—Así que resulta que, en el grandioso jardín de la vida, la libertad y el amor son las flores que desafían la gravedad y el determinismo. Qué revelador. Aparentemente, el universo no solo juega con reglas complejas, sino que también se dedica a hacer florecer el amor y la libertad en un terreno tan rígido como un texto en latín.
Mastandrea levantó una ceja, mirando al manuscrito como si esperara que de él brotara una respuesta definitiva. —Entonces, si entendí bien, el amor y la libertad se rebelan contra el determinismo como las flores contra la tierra. Fascinante.
Johnson alzó su copa en un brindis irónico y concluyó con una sonrisa sarcástica:
—El carácter de cada flor es su propia rebelión contra el jardín.