La idea del bien y Matrix: ¿Realmente estás despierto o solo en otra caverna?

La alegoría de la caverna.
La alegoría de la caverna.

¿Qué es el bien? Es un concepto que te acompaña como la sombra de un amigo olvidado. Lo usás todo el tiempo, pero ¿cuántas veces lo pensaste de verdad? Nos encanta juzgar todo: "esto está bien, esto está mal", pero, a ver, decime vos, ¿qué es el bien? Exacto, no tenés ni la más pálida idea, y no sos el único. Platón, el rockstar de los filósofos, se rompió la cabeza con esta pregunta hace más de dos mil años. Vamos a ver cómo la manejó él, a ver si nos ilumina un poco.

Ahora, ¿por qué se te hace tan difícil definir el bien? Fácil. Desde hace décadas, vivimos en una especie de limbo relativista donde todo depende del cristal con que se mire. ¿Está mal pegarle a alguien? "¡Obvio que sí!", dirías. Pero, ¿y si el golpe es una represalia por una agresión previa? ¿O si evitás un mal mayor, como que la persona a la que estás golpeando mató a otra? Bienvenidos al maravilloso mundo del relativismo ético, donde los valores no tienen pasaporte ni fronteras, y todo depende del contexto.

El relativismo no es una moda nueva, ojo. No es que lo inventamos hace dos días en un debate del ex Twitter, ahora llamado X. No. Este temita ya era el bardo de los atenienses hace unos 2500 años. Sí, esos tipos salían de los baños públicos, se cruzaban por las calles (donde solo ellos caminaban, porque las mujeres ni asomaban la cabeza en la vida pública), y se armaban charlas filosóficas de las que te habrías reído... hasta que recordás que vos pasás horas scrolleando memes. Pero no todo es boludez en estas discusiones, sobre todo cuando empiezan a influir en cómo se organizan sociedades enteras.

Mirá, te hago una pregunta fácil: ¿hay algo que sea siempre malo? Seguro, pensás en la enfermedad, por ejemplo. Pero claro, ¡si fueras médico estarías brindando por cada gripe! La enfermedad es mala para el enfermo, pero para el médico es un cheque en blanco. "¡Ah!", decís. "La enfermedad siempre es mala para el enfermo". No tan rápido, amigo. Si ese enfermo quiere morirse o si disfruta del dolor (porque hay gente para todo), ¿no sería buena entonces la enfermedad? ¡¿?! Y así se quedan filosofando hasta que se oculta el sol, a menos que prendan un fuego.

Pero pará, no es que esta gente sólo tiraba frases en el aire. Para ellos, discutir qué es bueno y qué es malo era un tema crucial porque, si todo depende del punto de vista, ¿cómo diferenciamos lo bueno de lo malo? Si no podemos, entonces todo vale. Y eso era justo lo que enseñaban los sofistas, esos intelectuales que pululaban en Atenas, haciéndose de unos dracmas a cambio de enseñarte cómo ganar cualquier debate, sin importar la verdad. Para ellos, lo bueno y lo justo son conceptos que dependen de a quién logres convencer. En otro texto de la página, sin duda abordaremos a los sofistas, pero por ahora, para mantener el respeto debido (?) a Sócrates y Platón, es importante mencionar que, en este contexto, los sofistas son los que enseñan el arte de la retórica, la oratoria y la erística.

Sócrates (470 a.C. - 399 a.C.)
Sócrates (470 a.C. - 399 a.C.)

Y esto, por supuesto, hacía que a Sócrates se le prendiera fuego la cabeza. Para Sócrates, no se trataba de quién tiene la lengua más afilada, sino de encontrar definiciones universales, algo que sea cierto siempre y en todo lugar. Y ahí entra Platón, su discípulo estrella, quien fue más allá. Porque para Platón, el bien no es solo una palabra que podemos definir, es algo que existe. Y acá nos metemos de lleno en la famosa teoría de las ideas, el terreno donde Platón se luce y, al mismo tiempo, te hace fruncir el ceño.

Para Platón, las ideas, como el bien o la justicia, no son solo pensamientos en nuestras cabezas, sino entidades que existen en un plano diferente al nuestro. No las podés ver ni tocar, pero están ahí, esperando a que las captes con tu inteligencia. Es decir, para Platón, todos podemos razonar correctamente y llegar a la misma conclusión sobre qué es el bien, si usamos bien la cabeza. Así, quien alcanza a comprender esta idea, deja de perderse en las discusiones inútiles sobre lo bueno y lo malo.

Platón (427 a.C. - 347 a.C.)
Platón (427 a.C. - 347 a.C.)

Platón, además, no se quedó filosofando por puro placer. No, el tipo tenía un plan político. Para él, la justicia y el bien eran la clave para construir la polis perfecta. Si los filósofos, que conocen estas ideas, gobiernan, entonces la ciudad será buena y justa por definición. Así de simple. Y ahí es donde entra su obra maestra, La República, donde Platón despliega su utopía de una sociedad gobernada por filósofos.

Pero, ¿cómo puede un tipo común y corriente, como vos o yo, llegar a captar estas ideas? Acá entra en escena la famosa alegoría de la caverna. Esa imagen que todos repiten pero pocos entienden. En resumen, somos como prisioneros en una cueva, encadenados, viendo sombras proyectadas en la pared. Creemos que esas sombras son la realidad, pero son solo una ilusión. En un momento, uno de nosotros se desata, se da vuelta y descubre que hay un fuego proyectando esas sombras, y más allá de eso, el verdadero mundo exterior, el mundo de las ideas.

"Salir de la caverna, ver la luz de las ideas y volver a la cueva para liberar al resto. ¿Difícil? Sí. Pero es un proceso, qué es lento, es doloroso, difícil, es a veces incluso incompatible con la vida. ¿Sabés cómo se llama?

Filosofía."

Bibliografía:

- Platón, República, Libro VII, Ed. Gredos, Madrid 1992

Videografía:

- Platón para principiantes: ¿Qué es la Alegoría de la Caverna? | Filosofía| FiloNews

 https://youtu.be/tSw-1K_xUoc?si=sJNEKhDRR6cd8uis