La sutil trampa de la razón: Hume y la verdad detrás del vicio y la virtud

Introducción:

En el gran escenario de la moralidad, ¿es la razón el árbitro infalible de nuestras acciones y valores? David Hume, con la astucia de un crítico agudo, nos desafía a replantear lo que entendemos por vicio y virtud. En lugar de concebir estos conceptos como dictados implacables de la razón, Hume sugiere que nuestra moralidad es más un baile de emociones y sentimientos que una sentencia lógica.

¿Es la razón un juez imparcial o simplemente un testigo que se inclina ante la voluntad de nuestras pasiones? A través de su crítica, Hume nos invita a explorar un horizonte donde el conocimiento y la moralidad no son meros resultados de deducciones abstractas, sino de vivencias humanas profundas y a menudo contradictorias. En esta travesía, el juicio de la razón revela ser tan elusivo como un espejismo en el desierto de nuestra propia mente.

Hume no solo cuestiona la validez de la razón como guía moral, sino que también ilumina el camino hacia una comprensión más rica y matizada de la ética. Prepárate para desafiar tus convicciones más profundas y descubrir por qué, según Hume, la verdadera moralidad se encuentra más allá del reino de las ideas puramente racionales.

La crítica de Hume a la moralidad como juicio racional

Hume sostiene que los juicios morales no derivan de la razón o el entendimiento, presentando dos tesis fundamentales: en primer lugar, que la razón nunca motiva la acción de la voluntad; y en segundo lugar, que la razón no se opone a la pasión, ya que esta última es la que dirige la voluntad (Hume, Tratado sobre la naturaleza humana, p. 614).

La primera operación mental, llamada "relaciones de ideas", está vinculada a nociones abstractas internas, como las de las matemáticas y la lógica, que pueden ser verdaderas o falsas sin necesidad de apelar a la experiencia externa. Por ejemplo, en las matemáticas o la aritmética, podemos deducir verdades sin necesidad de observar el mundo.

La segunda operación, denominada "cuestiones de hechos", tiene su fuente en la experiencia y se descubre mediante los sentidos. Un ejemplo típico es el juicio "el sol saldrá mañana", basado en la observación empírica, aunque no hay certeza absoluta de que así ocurra. Estas cuestiones, como las motivaciones humanas, dependen del principio de causalidad, y solo pueden inferir conexiones entre eventos o emociones.

Hume concluye que la razón opera exclusivamente en el ámbito de las ideas, mientras que la voluntad pertenece al reino de lo externo, la "realidad". Define la voluntad como "la impresión interna sentida al producir, conscientemente, un nuevo movimiento en el cuerpo o una nueva percepción en la mente" (Hume, Tratado sobre la naturaleza humana, p. 597). Así, si alguien sugiere que la razón y la voluntad son fuerzas opuestas en la acción, Hume lo rechaza argumentando que la razón nunca influye directamente en la acción, ya que es incapaz de detener el impulso de la pasión.

Este razonamiento lleva a Hume a formular su célebre aforismo: "La razón es, y solo debe ser, esclava de las pasiones, y no puede pretender otro oficio que el de servirlas y obedecerlas" (Hume, Tratado sobre la naturaleza humana, p. 617). La pasión, según él, es una existencia original, no derivada de ninguna copia o representación de otra cosa, lo que la hace ajena a cualquier evaluación racional. Por ejemplo, el enojo no puede ser evaluada como verdadera o falsa, ya que no representa nada externo.

Sin embargo, Hume admite que una pasión puede ser irracional si se basa en un juicio falso. Esto ocurre en dos casos: cuando la pasión surge de objetos inexistentes (como temer a criaturas fantásticas) o cuando los medios elegidos para alcanzar un fin son inadecuados (como intentar comprar un auto con una suma insuficiente de dinero).

A.J. Ayer (1988) objeta a Hume, señalando que la razón puede influir en la moralidad al guiar la elección de medios adecuados para alcanzar fines. Si una persona recurrentemente elige medios inadecuados, podemos considerarla irracional. Así, aunque Hume plantea que la razón no determina directamente la acción, Ayer resalta que puede influir indirectamente en las decisiones prácticas.

Las raíces emocionales del vicio y la virtud según Hume

Para David Hume, las distinciones morales entre vicio y virtud se fundamentan en la aprobación o desaprobación que generan ciertas disposiciones y acciones en los seres humanos. Estas distinciones no dependen de la razón, sino de los sentimientos morales que experimentamos frente a las acciones humanas, lo que vincula la moralidad con la utilidad y el bienestar social.

Hume sostiene que no actuamos solo en beneficio propio, sino que también buscamos el bienestar colectivo, una postura que él denomina "utilidad pública". Para él, "en todas las determinaciones acerca de la moral, esta circunstancia de la utilidad pública se tiene a la vista de manera principal" (Hume, Investigación sober los principios de la moral, p. 52). De esta manera, las virtudes son apreciadas en función de su capacidad para contribuir al bien común.

Ejemplos de estas virtudes sociales incluyen la benevolencia, la generosidad, la amistad y la gratitud, todas las cuales son valoradas universalmente por su capacidad para promover la armonía y el bienestar en la sociedad. Hume señala que "no hay cualidades que merezcan más la simpatía y aprobación del género humano que la beneficencia y el humanitarismo" (Hume, Investigación sober los principios de la moral. p. 49). Estas virtudes generan felicidad y son apreciadas no por reglas abstractas, sino por sus efectos prácticos y tangibles.

La moralidad, por tanto, no es el resultado de la razón, sino de los sentimientos. Cuando una acción nos causa desagrado, la consideramos viciosa; cuando genera aprobación, la vemos como virtuosa. Esta evaluación no surge de un proceso racional, sino de una respuesta emocional.

Hume también advierte que nuestras evaluaciones morales pueden cambiar con el tiempo, a medida que observamos los verdaderos efectos de las acciones en la sociedad. Un ejemplo es el de la caridad: "Dar limosna a los mendigos comunes es algo que alabamos naturalmente", pero si observamos que fomenta la vagancia, podríamos reevaluarla como una debilidad en lugar de una virtud (Hume, Investigación sober los principios de la moral, p. 52).

Finalmente, Hume demuestra que la razón no puede distinguir entre vicio y virtud mediante relaciones de ideas o cuestiones de hechos. Si la razón pudiera hacerlo, bastaría imaginar a alguien cometiendo un asesinato para condenarlo, lo cual es absurdo, ya que las ideas solo existen en nuestro pensamiento. De igual modo, en las cuestiones de hechos, la razón descubre conexiones causales, pero no puede emitir juicios morales. Así, las distinciones morales son producto de nuestros sentimientos, no de la razón.

Bibliografía:

- Ayer, A.J. Hume. Editorial Alianza. Madrid, España. 1988.

- Hume, D. Investigación sobre los principios de la moral. Editorial Alianza. Madrid, España. 2014.

- Hume, D. Tratado sobre la naturaleza humana. Ediciones Orbis. Barcelona, España. 1984.

Texto realizado en conjunto con: José Peluffo (Docente de Filosofía).