Más allá de la teoría: Filosofía Viva

Pensamiento filosófico
La sintaxis del pensamiento filosófico es la estructura interna que guía el proceso de pensar filosóficamente. No es simplemente una cuestión de articular ideas con palabras, sino de emplear el lenguaje de manera que este construya y sostenga un razonamiento coherente y profundo. La filosofía, a diferencia de otras disciplinas, demanda una precisión tanto en los conceptos como en las relaciones entre ellos. Por eso, la sintaxis filosófica se vuelve esencial para organizar el pensamiento, para articular preguntas y problemas de manera clara, y para explorar las posibles soluciones con rigurosidad.
Pensar filosóficamente requiere la conjunción de elementos gramaticales, lógicos y discursivos que hacen posible la reflexión crítica. La sintaxis en este contexto no se limita a las reglas de la gramática, sino que abarca también la disposición del pensamiento. Es la capacidad de organizar las ideas de manera que no solo se expresen claramente, sino que guíen al interlocutor hacia una comprensión más profunda del problema planteado. Por lo tanto, el acto de filosofar no es simplemente un ejercicio de abstracción o contemplación, sino una actividad que implica la construcción lógica y ordenada del pensamiento.
La enseñanza de la filosofía enfrenta el reto de transmitir esta estructura mental. Como señala el siguiente fragmento: "En este sentido, responde al desafío docente de instrumentar pedagógicamente en forma sistemática y con resultados evaluables, la construcción de habilidades cognitivas y herramientas lógicas imprescindibles para la consolidación del pensamiento filosófico" (Programas de Filosofía ANEP). Aquí vemos cómo la pedagogía filosófica debe enfocarse no solo en los contenidos, sino en cómo esos contenidos se articulan a través de las habilidades cognitivas. El docente tiene la responsabilidad de no solo exponer ideas, sino de guiar a los estudiantes en el proceso de estructurarlas, criticarlas y evaluarlas.

Estrategias para el pensamiento filosófico
El pensamiento filosófico no se desarrolla espontáneamente; es el resultado de un esfuerzo consciente por abordar problemas complejos. Una de las estrategias más importantes en este proceso es el pensar por problemas, un enfoque que fomenta la reflexión crítica en lugar de la repetición de conocimientos establecidos. Pensar por problemas implica formular preguntas que desafíen las suposiciones y busquen profundizar en la naturaleza misma de los fenómenos. Este enfoque nos lleva a ver la filosofía no como un conjunto de respuestas, sino como un proceso de indagación continua.
El problema teorético es un ejemplo claro de esta estrategia. Se trata de problemas que trascienden lo inmediato, lo práctico o lo fácilmente observable. Estos problemas requieren un ejercicio imaginativo y crítico que va más allá de la superficie de las cosas. Cuando nos enfrentamos a un problema teorético, estamos ante una cuestión que no tiene una solución rápida o evidente, lo que exige un mayor esfuerzo intelectual para resolverla. La rapidez en la respuesta, en este caso, no es signo de comprensión, sino de superficialidad. El problema teorético nos obliga a detenernos, a analizar los múltiples ángulos posibles y a confrontar nuestras propias limitaciones cognitivas.
Una reflexión importante que surge aquí es: ¿cómo podemos reconocer cuando estamos ante un verdadero problema filosófico y no ante una simple cuestión de opinión? Este tipo de problemas, como sostiene Carlos Vaz Ferreira, deben estar imbricados en un contexto histórico y cultural. No se puede analizar un problema filosófico de manera aislada; siempre está vinculado a las creencias, los valores y las tensiones del momento histórico en que surge. Un problema que se plantea sin tener en cuenta su contexto pierde autenticidad y profundidad. De ahí que la enseñanza de la filosofía deba incluir también una comprensión crítica del contexto en el que surgen los problemas.
Además del contexto, Vaz Ferreira destaca la importancia de la sinceridad y la autenticidad en el planteamiento de los problemas filosóficos. Un docente debe ser honesto con sus estudiantes, no solo en la exposición de los problemas, sino en su actitud hacia el conocimiento. La enseñanza de la filosofía no consiste en ofrecer respuestas cerradas, sino en abrir el espacio para que los estudiantes formulen sus propias preguntas. La sinceridad en el pensamiento filosófico implica una disposición a reconocer las limitaciones del conocimiento y a enfrentar el desafío de lo desconocido con apertura y honestidad.
La autenticidad del problema filosófico, por su parte, está relacionada con su relevancia. Un problema filosófico es auténtico cuando interpela al sujeto, cuando lo empuja a cuestionar sus propios supuestos y a buscar respuestas que, aunque parciales, le permitan avanzar en su comprensión del mundo. La autenticidad no solo tiene que ver con la formulación del problema, sino con la disposición del sujeto a involucrarse activamente en su resolución. En este sentido, la filosofía no es un ejercicio pasivo, sino un compromiso con el pensamiento crítico.

La pregunta filosófica
La relación entre la pregunta filosófica y el aprendizaje de la filosofía es fundamental. Preguntar es, en muchos sentidos, el primer acto filosófico. Cuando formulamos una pregunta, no solo estamos buscando una respuesta, sino que estamos iniciando un proceso de reflexión. La pregunta filosófica no se conforma con respuestas superficiales, sino que busca desentrañar las causas, los fundamentos y las implicaciones más profundas de los problemas que enfrenta. De esta manera, la pregunta es tanto el punto de partida como el motor que impulsa el proceso filosófico.
Aprender a filosofar no es simplemente aprender a responder preguntas, sino aprender a formularlas. A través de la pregunta, el estudiante se enfrenta al problema de una manera activa y crítica. En lugar de recibir una solución cerrada, el estudiante se ve obligado a explorar diferentes caminos, a sopesar alternativas y a construir su propio razonamiento. Este es el verdadero sentido del aprendizaje filosófico: no la adquisición de respuestas definitivas, sino el desarrollo de una capacidad crítica que permita abordar nuevos problemas con autonomía y creatividad.
Es importante destacar que cuando la pregunta ya viene acompañada de una respuesta, el proceso de aprender a filosofar se interrumpe. En ese caso, lo que se aprende no es filosofía, sino doxografía: la mera repetición de opiniones ajenas. El verdadero aprendizaje filosófico ocurre cuando el estudiante se enfrenta a la incertidumbre, cuando debe formular sus propias preguntas y buscar respuestas que, aunque provisionales, le permitan avanzar en su comprensión. La filosofía, en este sentido, no es un conocimiento estático, sino un proceso continuo de interrogación y descubrimiento.
Filosofía Viva

Para que la filosofía tenga sentido en el mundo contemporáneo, es necesario que tanto docentes como estudiantes participen activamente en el proceso de pensar por problemas, de formular preguntas y de reflexionar críticamente sobre las respuestas que se van generando. La filosofía no es un conjunto de teorías abstractas que se memoriza, sino una práctica viva que exige una participación activa y comprometida.

La sintaxis del pensar filosófico nos enseña que el lenguaje no es solo una herramienta de comunicación, sino el medio a través del cual organizamos y damos forma a nuestras reflexiones. El pensamiento filosófico se articula a través de preguntas, problemas y contextos, y requiere de un esfuerzo consciente por parte de quienes lo practican. Pero, más allá de su estructura formal, la filosofía es una actividad que nos invita a cuestionar el mundo y a nosotros mismos, a buscar respuestas que no siempre serán definitivas, pero que nos ayudarán a avanzar en la comprensión de lo que significa ser humanos.
Así, la pregunta clave que queda por responder es: ¿cómo podemos, en nuestra vida cotidiana, aplicar estas estrategias de pensamiento filosófico? ¿Qué papel juegan las preguntas filosóficas en nuestras decisiones, en nuestras relaciones y en nuestra forma de entender el mundo? La filosofía, más que una disciplina académica, es una herramienta para la vida.
Bibliografía:
- Berttolini, M (1997). "Materiales para la construcción de cursos de filosofía". Berttolini, Langón, Quintela. AZ Editora.
Uruguay.
- Gadamer, H-G (1986). Verdad y Método II. Ediciones Sígueme, Salamanca.
- Programas de Filosofía, Plan Reformulación 2006. ANEP-CES, Uruguay. Disponible en https://www.ces.edu.uy/ces/index.php?option=com_content&view=article&id=680.
- Sambarino, M (1975). La función sociocultural de la filosofía en América Latina (Primer Coloquio
Nacional de Filosofía de México, Morelia-Michoacán, 1975) en "La filosofía actual en América
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- Vaz Ferreira, C (1957). Como debe enseñarse la filosofía en enseñanza secundaria En "Lecciones sobre pedagogía y cuestiones de enseñanza" (1910) Vol 2. Edición de la Cámara de Representantes ROU, Montevideo.