Más allá del aula: Filosofía y el desafío de construir un saber consciente
Introducción:

La didáctica de la enseñanza de la filosofía nos enfrenta a una serie de preguntas fundamentales: ¿Qué significa realmente enseñar y aprender? ¿Es el conocimiento un paquete digerido que el docente entrega al estudiante, o un proceso dinámico en el que ambos, maestro y aprendiz, participan activamente? Estas interrogantes no solo remiten a las diferencias entre transmitir información y fomentar el pensamiento crítico, sino que también nos invitan a reconsiderar la relación entre los conceptos de aprendizaje y enseñanza, como lo plantea Walter Kohan en su obra Infancia entre educación y filosofía. Kohan, a través de un análisis etimológico profundo, nos desafía a pensar el acto de aprender como una forma de aprehender, una captura del conocimiento que requiere esfuerzo, reflexión y cuestionamiento constante.

A su vez, el filósofo Alejandro Cerletti, en su texto De la pregunta filosófica a la propuesta metodológica, nos lleva más allá del simple acto de enseñar teoría filosófica. Su enfoque plantea que el desafío real del docente de filosofía no es solo el "qué" se enseña, sino también el "cómo". Enseñar filosofía implica provocar la irrupción del pensamiento del otro, es decir, despertar en los estudiantes la capacidad de filosofar por sí mismos, de cuestionar y repensar el mundo. Este proceso didáctico, lejos de ser una mera repetición de conocimientos, se convierte en una experiencia viva y transformadora, donde la actitud filosófica se cultiva y comparte como un espacio de diálogo y reflexión conjunta.
Desarrollo:
En la enseñanza de la filosofía, la didáctica no debe centrarse únicamente en la transmisión de conocimientos, sino en la creación de un espacio de reflexión crítica y cuestionamiento profundo. Partiendo de las ideas de Walter Kohan en "Infancia entre educación y filosofía", podemos entender que aprender y enseñar no son procesos separados, sino interdependientes, donde ambos roles —el del aprendiz y el del maestro— se alimentan mutuamente. Kohan propone una distinción esencial: no se trata de recibir un conocimiento ya digerido, sino de encontrarlo, masticarlo, digerirlo y asimilarlo. Este proceso está enraizado en la etimología misma del término "aprender", que incluye la idea de "capturar", "apresar", "comprender", implicando una actividad activa, no pasiva.
El concepto de "enseñar" también merece atención. No todo aprendizaje es señal de enseñanza y viceversa. En filosofía, enseñar no es simplemente transmitir lo que dijo un autor, sino explorar cómo pensaba, qué procesos mentales lo llevaron a sus conclusiones. Esto, según Kohan, es esencial para evitar una enseñanza meramente doxográfica, centrada en la repetición de ideas ya establecidas. El verdadero aprendizaje filosófico surge del cuestionamiento, del asombro ante el conocimiento, lo que nos lleva a replantearnos constantemente no solo lo que sabemos, sino cómo lo sabemos.
Alejandro Cerletti, en "De la pregunta filosófica a la propuesta metodológica", complementa esta visión al relacionar el "qué" enseñar con el "cómo". Según Cerletti, la enseñanza de la filosofía implica no solo transmitir contenido, sino fomentar una actitud filosófica. Esto significa que no solo debemos enseñar sobre Kant o Nietzsche, sino enseñar a pensar como ellos, a adoptar la misma actitud crítica y cuestionadora que caracteriza a la filosofía. Para Cerletti, el acto de filosofar es un ejercicio práctico, no solo teórico, y el docente debe guiar a los estudiantes en ese camino, permitiéndoles explorar, reflexionar y crear sus propios problemas filosóficos.
La enseñanza de la filosofía, entonces, se convierte en un problema filosófico en sí mismo. ¿Cómo transmitir una actitud crítica? ¿Cómo hacer que el pensamiento del otro irrumpa en el aula, en lugar de simplemente replicar el pensamiento del autor? Estas preguntas nos llevan a una reflexión sobre la metodología, donde la transposición didáctica tradicional no siempre es suficiente. Como bien señala Cerletti, la filosofía no se reproduce por repetición, sino por cuestionamiento. Por eso, es crucial abrir el espacio para que el estudiante no solo reciba conocimiento, sino que lo transforme y lo haga suyo.
En este sentido, la enseñanza filosófica debe ser más que una clase sobre filosofía; debe ser una clase filosófica. La diferencia, como lo explica Cerletti, radica en que una clase de filosofía se centra en la transmisión de contenido, mientras que una clase filosófica permite la irrupción del pensamiento del otro, generando un diálogo auténtico donde el estudiante es parte activa del proceso de pensamiento. Aquí, el "cómo" enseñar filosofía se convierte en una cuestión de metodología, pero también de actitud: el docente debe estar dispuesto a ser interpelado por sus estudiantes, y estos, a su vez, deben sentir que sus preguntas y reflexiones tienen un lugar legítimo en el aula.
Finalmente, la filosofía no solo se trata de un deseo de saber, sino de un deseo del deseo de saber, como menciona Cerletti. Este metadeseo implica que no solo buscamos respuestas, sino que cuestionamos por qué queremos esas respuestas en primer lugar. El filósofo, entonces, es un recreador de problemas, alguien que no se conforma con las respuestas dadas, sino que constantemente busca nuevas preguntas que mantengan vivo el deseo de saber.
Para lograr que el pensamiento del otro irrumpa en el aula, es necesario que el docente esté dispuesto a romper con lo preestablecido, a cuestionar las certezas y a permitir que el estudiante haga lo mismo. La enseñanza filosófica, en su esencia, debe ser un espacio de libertad y cuestionamiento, donde el conocimiento no se entrega digerido, sino que se construye y se transforma a través del diálogo y la reflexión compartida.
Este enfoque didáctico no solo respeta la complejidad inherente al acto de filosofar, sino que también reconoce el valor de la incertidumbre, el asombro y el constante replanteamiento del saber. Enseñar filosofía, entonces, no es solo transmitir contenidos, sino cultivar el deseo de seguir pensando, preguntando y aprendiendo, tanto para el maestro como para el estudiante.
Bibliografía:
- Cerletti, A. (2012). De la pregunta filosófica a la propuesta metodológica. Novedades Educativas.
- Kohan, W. (2006). Infancia entre educación y filosofía. Siglo XXI Editores.